sábado, 28 de junio de 2008

TODO LETRAS

Esta tarde, dentro del ciclo TodoLetras 2008, hay un recital conjunto de dos pájaros de cuidado: Luís García Montero y Joaquín Sabina. Y a mí me toca presentar a García Montero.


Éste es un fragmento de lo que voy a decir:

Luís García Montero llega desde una ciudad de ésas llamadas legendarias: Granada. Una ciudad para la poesía, que aún llora como un niño por sus reinos perdidos, en la que aún se respira el aliento de otro poeta de leyenda como fue Federico García Lorca, y a la que cantan Morentes y alumbran Estrellas.
Pero lejos de estos referentes, a veces demasiado evidentes y casi tópicos, en Luís García Montero encontramos a un poeta y ensayista cuya obra entronca directamente con la de uno de nuestros escritores universales, Antonio Machado. Una tradición machadiana que le ha llevado a formar parte de la que se ha llamado “poesía de la experiencia”. (...)
La poesía de García Montero es una poesía que siempre tiene un destinatario, que anda al encuentro de la persona elegida. Puede ser una amante del pasado, la mujer presente o la futura, un camarada, un compañero, un viajero desconocido que ocupa una habitación de hotel, o los coches que había en Granada el año que él nació. Y, en medio de todos ellos, el lector también es uno de esos destinatarios, con lo que, el que tiene entre las manos un libro de García Montero, participa de esa comunión íntima del poeta y sus circunstancias. (...)
Su éxito, como él explica frente a los que aseguran no creer en la poesía de la experiencia, es que “algunos poetas –dice en la introducción a su antología “Poemas”- hemos conseguido no escribir para poetas, sino para gente culta que sale a la calle, entra en una librería, compra un libro, vuelve a casa y se pone a leer, interesada en lo que unos versos pueden decirle sobre la vida, la muerte, el tiempo, el amor, la historia, el pasado, la soledad o las tensiones que suelen establecerse entre la realidad y una dignidad individual”. (...)
Este ciclo está dedicado a la poesía urbana y sus juglares, y no porque diferenciemos a los poetas que escriben en la ciudad de los que prefieren irse al campo a componer odas pastoriles. Son poetas urbanos porque han hecho de las ciudades y de las hormiguitas trabajadoras que las habitan la materia prima para los sentimientos que componen un poema. Precisamente en un poema llamado así “La ciudad”, escribe García Montero:
En las ciudades pueden encontrarse
relojes que se paran en la última copa,
la luna sobre un taxi
y todos los poemas que te escribo.
Escribe también en “Dudosa geografía urbana” que “se convierten en calles las palabras / a la sombra del tiempo”. Con este verso como premisa, las palabras se hacen calles de las ciudades en las que nos hemos podido sentir en sus libros: la Granada del 58 y la de ahora; el Madrid de los 80 o el de los extrarradios; el Nueva York y sus torres de Manhattan, antes de 2001; incluso, la Bagdad en llamas que veíamos por televisión en el año 91.

2 comentarios:

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Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
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